Existen dos cosas que no se olvidan: los recuerdos, por su misma definición en el diccionario y los amores.
Sin embargo, es seguro que lo más difícil de olvidar son las buenas cosas, los buenos momentos y las buenas personas.
Pueden pasar meses, años enteros y las buenas cosas son aún imposibles de olvidar, cuando de verdad marcaron una parte importante de tu existencia, indefinidamente, seguirán ahí o para atormentarte o para reconfortarte, para sacarte una lágrima o la mejor sonrisa de tu día, nos equivocamos rotundamente cuando decimos que se ha terminado para siempre, que hemos olvidado todo para no recordar más, se supera, tal vez, y tal vez no del todo.
Las buenas cosas, repito, son lo más difícil de olvidar, en un día cualquiera, en una rutina, en miles de anocheceres transcurridos desde aquellos días, donde quiera que estemos, en el tren, en el metro , en un vaivén, puede que, mágicamente esa chispa recorra nuestros cuerpos una vez más, esto no manifiesta un deseo de volver, manifiesta únicamente esa realidad que está ahí afuera, que todas las personas que pasaron por nuestras vidas llegaron para quedarse, que, precisamente en el espacio que en algún momento les permitimos ocupar, ahí seguirán hasta el final de nuestros días.
Siempre recordaremos esa manera peculiar en la que nos referíamos a cada persona, esas manifestaciones de cariño, esas viejas bromas gastadas, recordaremos así mismo, las risas, los llantos, peleas, los santos, todo aquello que se vivió, puede que a veces eso nos impida avanzar, o puede que nos encontremos en nuestro mejor momento, la cúspide de una vida absolutamente renovada, lejos de aquellos recuerdos que en este ejemplo regresaron a la mente, todo depende de nosotros, si queremos avanzar y quedarnos con lo bueno, o quedarnos en lo que considerábamos bueno y seguro pero no avanzar.
Conscientes estemos que el día en el que nos llegue el recuerdo de un viejo amigo, un viejo amor, es el día en el que la nostalgia invadirá preciosamente nuestras mentes, y si nos ponemos un poco espirituales, nuestras almas, las que en aquellos días posiblemente compartimos.
El día entonces, en el que llegué un recuerdo aislado o un encuentro no esperado con esa persona con la cual no quisiéramos encontrarnos, porque tal vez nos hizo daño, o porque tal vez nos amamos demasiado, estemos listos, con la frente en alto y el corazón en la mano, agradezcamos y no huyamos, demos si es posible, un cálido abrazo, un gracias sin anuencia, recordemos sin temores y descubramos que sentimos, reciclemos los favores y posterguemos las rimas desmedidas.
Si algún día, ya pasado el tiempo, se animan a leer de nueva cuenta aquellas cartas mal escritas y aquellas notas olvidadas, sabrán que sin rencores habrá acabado la abstinencia.
Pero, ¿Abstinencia de qué? ¡Vamos! No seamos tan ridículos, todos nos alejamos por nuestra propia seguridad, si se está acabando algo lo primero que se hace es soltarlo, huir del lugar, irnos, para olvidar...
Mi consejo que seguramente de nada les servirá es que dejen al tiempo actuar, las heridas sanar, los recuerdos caer, los secretos guardados y los amores destinados.
Hablo de un destino muy particular, de ese en el que no se puede decidir, porque al fin y al cabo el destino sólo pasa.
Espero que algún día, para aquellos a los que aún les duele un amor, tengan el valor de releer los mensajes, sólo por nostalgia, por saber que han avanzado, por recordar lo que evidentemente no podrá ser olvidado, y no es que esté eso del todo mal, se trata únicamente de la decisión para la que estemos listos en ese entonces, si continuar o regresar.
Pero si deciden regresar tengan cuidado, porque muchas veces se vive enamorado del pasado, de la idea que existía pero cuando se vuelve nunca nadie es el mismo.
2 comentarios:
Ayer caminando por mi viejo barrio traté inútilmente de revivir aquellos días en los que la preocupación no existía y la felicidad abundaba, ayer le di un vistazo a la realidad al darme cuenta de que no era posible, de sólo pude revivir los recuerdos, pero aquellos momentos se vivieron en su tiempo, y no volverán, me di cuenta que mi despreocupación en ese entonces se debía a que no tenia prisa, por que aun me faltaba mucho por entender, ahora entiendo gran parte de eso, y eso conlleva a que las cosas se compliquen un poco, y la felicidad tenga cierta escasez, pero en vez de entristecerme me sentí feliz, por que me crecí y avance en varios aspectos, la nostalgia llegó a mi por que podía transportarme a aquellos días que extraño tanto, pero que en el pasado se quedan. Ayer viví y hoy también, recordar el ayer elimino cosas que me hacían regresar, así que corregí esos errores subconscientes hasta donde pude, por que no podemos controlar todas las emociones a la vez. Ayer, al ver ese árbol donde nos solíamos reunir, donde solíamos reír y donde por un instante solíamos vivir, al verlo destrozado, cortado, y al ver toda la fauna que solía rodearlo convertida en concreto transformado, me hizo comprender que avanzar no es olvidar avanzar es recordar pero no regresar, avanzar en dejarse llevar por el momento solo por un instante y poner los pies en la realidad, estar feliz por ella y seguir creciendo, por lo que estoy de acuerdo, al tiempo dejarlo actuar, las heridas sanar, y los recuerdos caer, pero vamos los secretos pueden ser compartidos y los amores pueden buscarse y encontrarse, no siempre tendremos la suerte de que las cosas se destines solas para nosotros mismos, el esfuerzo y ganas de seguir, tal vez es esa la verdadera inspiración que necesitamos para vivir y encontrar la felicidad.
Llénalo, por favor. Es menester hacerte saber que nadie lo hace mejor y me da lástima por los demás. ¿Dónde estás? Vamos a la luna y una vez ahí sabrás que cuando eres joven debes dejar que todo fluya y pase, no estancarse. El oso un día me dijo que cuando veía una planta se imaginaba que le hablaba y no le creí. Poco después, cuando hablé con una de ellas supe que estaba aquél buen oso en lo correcto. Tu corazón es un libro abierto y jamás lo llenes por llenarlo, cuidalo y permite la permanencia de quien te lleva en el suyo, por muy escondida que parezcas estar, pues así como los diamantes, la noche es eterna y únicamente el sol la ilumina pero jamás deja de ser noche. Sombras, juegos, sonidos y demás, algunas veces quisiera ya no continuar pero es un tren sin retorno el que nos lleva por la vida, sin poder volar sobre el fénix que de las cenizas surgirá... resurrección.
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